El tacho es lo primero que huele el que entra al edificio o al local. Lo lavamos por dentro y por fuera, lo desinfectamos y, si está oxidado o descascarado, lo lijamos y lo pintamos.
Sacamos los restos pegados en el fondo y en las paredes internas, que es de donde viene el olor.
Los contenedores de gastronomía acumulan una capa de grasa que el agua sola no toca.
Tratamos el material después del lavado, no antes: perfumar un tacho sucio dura una tarde.
Sacamos los restos orgánicos donde se crían moscas y larvas.
Las partes que todos tocan y nadie limpia. Además, las ruedas trabadas por mugre vuelven a girar.
Si el metal está picado, lijamos antes de pintar para que la pintura agarre y dure.
Repintamos tachos y contenedores de cualquier material y quedan como nuevos, en lugar de tener que comprar otros.
Numeración por unidad funcional o indicación de residuo, si el consorcio lo necesita.
Cuántos tachos, de qué material y en qué estado. Con una foto alcanza para empezar.
Trabajamos en el lugar, en el horario que menos moleste a los vecinos o a la atención del local.
Si el estado lo justifica, lijamos y pintamos. Te lo cotizamos aparte para que decidas.
Sí, es nuestro cliente más habitual en este servicio. Coordinamos con la administración y facturamos al consorcio.
En verano, una vez por mes. En invierno, cada dos meses suele alcanzar. En gastronomía conviene más seguido.
Todos: metal, chapa y plástico. Según el material usamos la pintura que corresponde para que agarre y dure.
Sí, conviene coordinarlo para el día posterior a la recolección.
Sí, y es donde más se nota. Es además un punto que suele mirarse en las inspecciones.